lunes, 10 de enero de 2011

Arizona: un llamado contra el uso irresponsable del discurso político

Roberto Salas

Arizona es un estado donde se ejecutan políticas publicas y legislaciones que violentan los derechos humanos en consecuencia del odio propiciado por la falta de ética política de quienes tienen posiciones de autoridad. Al margen del contexto de lenta recuperación económica y del debate respectivo al derecho a portar armas en Estados Unidos, lo sucedido refleja la gravedad de abusar de la retórica de confrontación.

El tiroteo hace eco al prejuicio y al abuso del que son objeto las minorías. Arizona es un estado en que la polarización y la violencia actuales son parcialmente consecuencia de la falta de voluntad de algunas autoridades para reconocer cambios sociales evidentes que ameritan nuevos acuerdos. El caso constituye una gran lección para cualquier sociedad y en particular para México de cara al próximo proceso electoral federal.

La retórica política que divide y engendra violencia se nutre del prejuicio, la discriminación y la falta de respeto. Ya sea en el caso de una figura eclesiástica contra una autoridad gubernamental, de un político de izquierda contra otro de derecha; de un legislador contra el Ejecutivo Federal, o en cualquier otro.

La diferencia de opiniones plantea un reto ante el cual la agresión y la falta de respeto haya ocasión sólo entre los incapaces de comunicar sus ideas. Así pues, porque en México muchas figuras públicas no están a la altura del país al que aspiramos, corresponde a los ciudadanos reconocer nuestra co-responsabilidad en la calidad de nuestros procesos políticos.

El lamentable caso de Arizona hace necesario que, con el proceso electoral próximo en México y con base en el antecedente de la campaña de 2006, los mexicanos renunciemos a la tentación de no respetar a quienes piensan diferente.

martes, 26 de octubre de 2010

Información y poder: La sociedad basada en el conocimiento


Carlos A. Díaz-Tufinio

Las tecnologías que mueven al mundo son claramente dinámicas. Éstas han evolucionado junto con las necesidades de la sociedad con el paso de los años y, quien logra tener el control sobre ellas es más fuerte ante las adversidades sociopolíticas y económicas. Sin afán de ser exhaustivo, en un breve esbozo retrospectivo se aprecia históricamente la clara transformación de dichas formas de dominio: a principios de las civilizaciones organizadas, por ejemplo la gran Roma de los emperadores, la demostración de poder era a través del dominio territorial y político, así como de la explotación de los recursos naturales dentro del imperio.

Posteriormente, muchos siglos después, la era industrial llegó y aquel que dominara los medios para la automatización, la manufactura mecánica y el secreto de los procesos productivos, tendría supremacía; finalmente, en las pasadas décadas, la oleada energética azotó fuertemente y el país con mayor riqueza de combustibles sería dominante, además de que sería quien dictara las reglas para establecer una dinámica internacional. Como ya se vio entonces, los temas centrales de cada periodo histórico dominan y articulan la maquinaria nacional e internacional, pues las naciones suelen adosarse a la economía suprema, dominante de la tecnología, para poder subsistir con – o de – ella.

Hoy en día, tecnologías variadas surgen como solución para paliar la gran necesidad social, derivada de la globalización, de urgencia de información inmediata y a través de grandes distancias. Así es como las telecomunicaciones y la ciber-tecnología ya son una parte fundamental de nuestras vidas, pues a pesar de que surgieron con un objetivo específico, distinto en algunos casos, éstas fueron capaces de adaptarse a las necesidades actuales. Con esto, el boom de consumo de dichas tecnologías se volvió acelerado y, a partir de los años 80, se empezó a gestar un interesante fenómeno global que surgiría primitivamente a mediados de los 90´s.

El fenómeno: el surgimiento de nuevas economías basadas en el conocimiento y su difusión; los ejes motores: el almacenamiento de información y la posesión de medios y capacidades para hacerlo, además de la actualización constante ante la acelerada desvalorización del conocimiento tras el surgimiento de nuevo; el resultado: un aumento exagerado de productos que incorporan conocimiento, tanto en volumen como en magnitud de su peso en el PIB de los países. Con el análisis anterior, coincidiendo con notables investigadores en esta materia [Jaime Aboites (2008) y Teresa González (2009)], se habla de que el conocimiento, la información, su distribución y actualización, se tornan artefactos de cambio y de generación de riqueza en nuestro nuevo siglo.

Con esta forma efímera de poder, la carrera por dominarla es invisible, pero crítica, y el tiempo se vuelve escaso. El reto ahora se basa en la capacidad de generación y actualización de la información, así como el mejoramiento de los medios para introducirla en la sociedad. Es por eso que, de manera técnica, además de la infraestructura tecnológica para distribuir la información, otro parámetro importante para poder saber el impacto de la distribución social del conocimiento es mediante la cuantificación de la capacidad innovadora de las organizaciones. Esto se realiza mediante instrumentos jurídico-económicos cada vez más importantes, siendo la patente el proceso más conocido y adecuado de innovación en el desarrollo de tecnologías. La conclusión obligada de este factor de medición es que en realidad poco sirve que una sociedad posea un alto nivel de formación o cultura científica si no es capaz de establecer buenas formas de innovación y protección a sus desarrollos. En el caso de México, es urgente una mejor y mayor formación científico-tecnológica, así como la agilidad en los procesos de innovación y protección científica.

Finalmente, se desprende que las nuevas sociedades basadas en el conocimiento tienen dos actividades principales. La primera, y más importante, es conocer; la gente debe ser capaz de saber llegar a la información, requiriéndose un medio eficiente de comunicación y protección a los autores. El segundo papel de la sociedad es convertirse en un motor de cambio social, aplicando todo lo conocido para generar innovaciones en sus respectivos ámbitos. Esto último es lo más significativo, y complejo, de las economías del conocimiento: ser capaces de generar soluciones novedosas en cualquier área mediante la transmisión de conocimiento. Por eso, ahora el más apto (país, sociedad, grupo o persona) será el que pueda poseer, almacenar, dosificar y generar esta poderosa arma, que es la información. He ahí nuestro reto...


lunes, 21 de junio de 2010

La sociedad como un actor dinámico


Mariano Huizar

Los habitantes de México ya no pueden estar a la espera de que el gobierno resuelva todos y cada uno de sus problemas, tratando de lidiar con la aplicación de políticas públicas que verán su luz en el largo plazo. Pero esto no es debido a la pasividad de nuestros gobernantes, sino que ellos, por sí solos, no pueden atender las particularidades de cada uno de los habitantes, ellos atienden a lo macro, más aún lo regional y sería una pérdida de recursos y de tiempo que la sociedad se quede pasiva para que le resuelvan sus problemas individuales y más aún de manera inmediata. De aquí es que surgen iniciativas como la que en los últimos días se han venido promocionando, la llamada “Iniciativa México” pero no es la única que existe, hay muchas otras más que igualmente se preocupan por atender a la sociedad civil y conformados por la misma en temas tan diversos que van desde el medio ambiente como es el caso de Greenpeace hasta la rehabilitación de personas con problemas emocionales como los Alcohólicos Anónimos, donde si el gobierno interviniese en todos los casos particulares por medio de un enfoque netamente social, indiscutiblemente careceríamos de la infraestructura necesaria para atraer inversiones y emplear a los insatisfechos ciudadanos, dicho de otro modo, cada cual tiene su papel y el de la sociedad civil es el de organizarse para cubrir todo espacio no cubierto por el gobierno, en vez de esperar una respuesta por parte de el mismo y es por esto que todas estas organizaciones tratan de aportar su esfuerzo y habilidades a temas en lo que el gobierno no tiene injerencia o no está enfocada, más burdamente, necesitan de una mano.

Es de esta forma que surge Iniciativa México, un proyecto nacional que trata de reconocer los esfuerzos de todas aquellas personas, instituciones y organizaciones que realizan alguna labor social o ecológica que impacte positivamente en su entorno, las cuales serán reconocidas, se les capacitará y se les dará un apoyo económico por parte de las empresas privadas involucradas. Esta iniciativa es más notoria gracias a la participación y el apoyo brindado por los medios masivos de comunicación, quienes dejando a un lado sus diferencias de mercado, han optado por unirse en esta iniciativa al darle difusión al proyecto.

Este proyecto no solo invita a estos tres agentes (personas, instituciones y organizaciones) a que se sumen a generar iniciativas, sino que plantea un sistema de incentivos (reconocimiento, capacitación y fondos) con la finalidad de que aún más agentes se sumen a este gran proyecto. Lamentablemente esta iniciativa tuvo que esperar a que sea “un año clave”, esperemos que iniciativas similares salgan más pronto y no tener que esperar otros cien años para verlas nacer, como es el caso de generar más ciudades del conocimiento basadas en alta tecnología y tecnologías verdes, gestadas para y por la sociedad civil y apoyadas por el estado, lo que indudablemente no se debe dejar únicamente al estado, una vez que esta conciencia se implante en la mente de los mexicanos, será tiempo de emprender acciones aún más ambiciosas y pasar de ser una sociedad civil predominantemente estática y cobijada por el estado a ser una sociedad predominantemente dinámica, consciente de su papel en la economía mexicana y que actúa en consecuencia.

lunes, 24 de mayo de 2010

Crisis griega nació de la irresponsabilidad










Por Jorge Añorve

Imaginemos que tenemos una persona que enferma. Algo sencillo, un resfriado clásico. Le diremos que no fume, que se cuide, que se abrigue. A la semana, el enfermo ha empeorado, tiene más fiebre, se encuentra peor. Le decimos que guarde cama hasta que la fiebre le baje. A los días, un catarro normal se ha convertido en una pulmonía. Le damos medicamentos. El enfermo empeora, y al final muere.
Tal vez, la culpa fue del médico, tal vez de los medicamentos. ¿Y si la culpa fue del enfermo? No hizo caso de los consejos: fumaba, salía de noche, bebía, no se tomaba las medicinas, y en definitiva no hizo nada para curarse. La razón es que no quería que su nivel de vida se viese interrumpido por nada. Era incapaz de hacer cualquier esfuerzo para sanarse.

El poco interés del Gobierno griego, y muy especialmente de su gente, ha conducido al país a donde está ahora. Ha vivido de forma irresponsable, y ahora que está seriamente enfermo, quiere permanecer en la "ilusión de riqueza" del pasado.

Cualquier movimiento para estabilizar la situación del país se ha traducido en alborotos, huelgas, manifestaciones, actos violentos y muy violentos por parte de la ciudadanía.

Todas las noticias que vemos en los medios de comunicación (deuda elevada, fuga de capitales, desconfianza) son hechos circunstanciales que se producen en toda crisis. Si una persona se resfría, es normal que tenga dolor de cabeza, fiebre o cansancio. Todos estos síntomas no son un problema, porque si el enfermo se cura, desaparecerán. Si Grecia se pudiese curar, los elevados montos de deuda y la desconfianza desparecerían y el dinero que se ha ido, volvería. Incluso, si lo hiciesen bien, el país podría ir mejor que nunca. Irlanda, que ha sido duramente golpeada por la crisis, parece que lo va a conseguir, pero no le saldrá gratis en términos sociales. La economía irlandesa se ha puesto las pilas y está dispuesta a curarse. Grecia no. Quiere seguir enferma porque es incapaz de ver la dura realidad a la que se enfrenta.

Al igual que otros países, como España, Grecia ha copiado todo los vicios de otros Estados y rechazado sus virtudes. Quieren vivir como alemanes o suecos con un estado paternalista, y a la vez, tomar el modo de vida latino, trabajando lo mínimo y sin responsabilidades. Es el camino del socialismo, del parasitismo. Siempre viviendo a costa de los demás.

¿Qué cree que ocurriría si aquí en México el Estado redujera los salarios de los funcionarios en casi un 20% o el Gobierno recortase ayudas como ha hecho Irlanda? Muy probablemente pasaría lo que en Grecia. Los burócratas, sindicatos y rentistas estatales paralizarían el país. Algún día pasará factura tal actitud. Tomemos nota de la situación griega, podría estar escribiendo nuestro futuro también.

La Unión, ¿hace la fuerza?










A medida que los líderes de la zona euro se enfrentan a una creciente incertidumbre en los mercados financieros sobre las finanzas públicas de Grecia y otros Estados miembros, sus declaraciones, aunque un poco vagas, ponen de relieve una cuestión mucho más amplia, que obligará a las empresas e inversionistas a cuestionar sus supuestos sobre el ambiente económico, financiero y político de Europa.
Primero, obviemos un poderoso mito. Los problemas de Grecia han alentado a algunos a preguntarse abiertamente si la zona euro podrá superar sus crecientes desequilibrios internos.

El euro se creó en parte para reforzar la eficiencia del mercado interior y evitar la volatilidad de la moneda. No obstante, también es el producto de una convicción profundamente arraigada de que las instituciones transnacionales y la interdependencia económica han contribuido a establecer y mantener la paz en el continente en las últimas seis décadas. En un mundo de instituciones multilaterales débiles -incluido el G-20- es más importante que nunca que los gobiernos de la zona euro fortalezcan su influencia colectiva en un ambiente global incierto, sin precedentes y competitivo.

Para los Estados miembros, la zona euro sencillamente es demasiado importante como para fracasar. Ello significa que las soluciones a los numerosos problemas a que ahora se enfrentan requerirán un ajuste en la manera en que cada uno grava y gasta. Es complicado comprender la creciente importancia de la política fiscal debido a la confusión sobre la forma en que varios gobiernos de la zona euro toman decisiones políticas, un proceso que se basa en una compleja mezcla de factores institucionales poco claros y siempre cambiantes, y la dinámica de la política interna, que varía considerablemente de un país a otro.

Esta es la nueva realidad de Europa, no una falla momentánea de la situación normal. La ausencia de un marco estable obligará a los inversionistas a repensar sus decisiones de asignación de activos y apreciación del riesgo.

Estos cambios serán graduales, persistentes y menos predecibles de lo que los inversionistas habían llegado a esperar durante la calma engañosa de la primera década del euro, cuando el establecimiento de la unión monetaria, junto con la ampliación de la UE y la liberalización, parecía haber creado un ambiente benigno y estable.

Finalmente, los cambios de política notables y duraderos no estarán limitados a los países en dificultades financieras apremiantes. La política fiscal alemana pronto podría ser muy diferente del forzado déficit cero que prevaleció durante la gran coalición que gobernó del 2005 al 2009. Durante ese periodo, los sectores a favor de la reducción del déficit tanto entre los socialdemócratas como entre los democratacristianos se aliaron para repeler las presiones de otras facciones en sus respectivos partidos para hacer un cambio de política.

Dicha estructura no existe más. Ahora, la derecha quiere recortes de impuestos y la izquierda, que hoy se está reconstituyendo, puede presionar por un gasto mayor. Nadie piensa que Alemania está en riesgo de impago, pero los inversionistas pasan por alto este tipo de cambio de política por su cuenta y riesgo. Después de todo, un cambio significativo de dirección en la política de la economía más grande de la zona euro podría tener un efecto mucho mayor en la unión monetaria que los acontecimientos en Grecia.

Visto el conflicto interno por los impuestos y el gasto, tal vez Alemania, no Grecia, se convierta en el primer país de la zona euro que atestigüe la caída de un gobierno.

martes, 20 de abril de 2010

La atención social y los medios de des-información



Por Carlos A. Díaz–Tufinio

En los últimos meses, la vida sociopolítica y económica de nuestro país ha sido, sin lugar a dudas, extremadamente intensa; catástrofes naturales, incidentes armamentísticos terribles, asesinatos y muertes desafortunadas, chismes políticos, accidentes aéreos, entre otros muchos eventos, parecen estarnos conduciendo a un creciente caos. Y en medio de estas oleadas de hechos desafortunados nos encontramos estudiantes y gente trabajadora, a quienes varias veces pueden no afectarnos directamente estos acontecimientos, pero algunas otras veces impactarnos muy de cerca. Ya sea una u otra situación, los medios de información tienen como labor mantenernos al tanto y destacar las noticias importantes; desafortunadamente, en esta tarea también suelen dirigir las miradas a hechos controvertidos de importancia bastante menor a los realmente importantes, distrayendo la atención de la sociedad y desatando polémicas normalmente basadas en suposiciones infundadas sobre asuntos que se prestan para esto.

En nuestros días, es bastante penoso notar que el destape o la dudosa sexualidad de un personaje público (¿resultan familiares nombre como Lady Gaga o Ricky Martin?) es una noticia más relevante y de mayor consulta que las muertes de estudiantes inocentes o tiroteos en sitios de nuestro país donde la gobernabilidad se ha perdido, situaciones desafortunadamente cada vez más frecuentes. Nuestro mundo hoy está girando a un ritmo más acelerado que hace 10 ó 15 años y, como sociedad educada y afortunada, no nos podemos dar el lujo de perder el tiempo y de distraer nuestra atención de la manera en la que nos lo dictan los medios. Debemos de aprender a reconocer aquellas cosas que valen la pena ser escuchadas y evaluar sólo los aspectos que nos conduzcan a una reflexión social mucho más profunda. La colaboración de todos nosotros y nuestro análisis e implementación de acciones son indispensables para el mejoramiento de nuestra situación actual, pues nuestro país -y el mundo- nos necesita.

Quizá sea un arma de doble filo la gran conectividad que tenemos como sociedad hoy en día, pues ciertos riesgos derivados de este exceso de comunicación se vuelven inminentes. Estos peligros se materializan y -es evidente hoy- merman nuestras capacidades de análisis y acción potencialmente, pues se ocupan las redes sociales principalmente para propagar chismes y primicias de artistas o para pasar horas interminables compitiendo con otros usuarios para ver quién gana haciendo crecer animalitos virtuales o fertilizando vegetales que no podrán alimentar a nadie. Tras los múltiples acontecimientos que están desgastando la estructura social ya de por sí endeble, me parece indispensable que nosotros como jóvenes transformemos este tipo de medios de comunicación en herramientas útiles para difundir opiniones valiosas, para unir nuestras voces y lanzar un grito de cambio y ya no más de conformismo y pasividad.

Por otro lado, causa una gran tristeza ver cómo se ha modificado la vida latente de las noticias en los medios que nos informan. Se ha llegado al punto de que lamentables tragedias con connotación de alerta para la sociedad no perduren 4 días en los periódicos, mientras que incidentes futbolísticos (¿caso Cabañas?) o detectivescos (¿caso Paulette?) puedan durar más de 3 semanas en las páginas principales y titulares. Esto se desprende principalmente del amarillismo, fines de lucro de la información y a la tergiversación de hechos, causando una desafortunada tendencia a que la opinión pública se concentre en indagar asuntos dudosos y oscuros, sin fundamentos y cuyo análisis no nos conduce a ningún cambio benéfico para el país.

¿Cuál es entonces una propuesta de solución ante este problema de mal enfoque de la información? Ayudemos a cambiar la mentalidad de la gente que se dejan llevar por la inercia de los noticiarios y no desplacemos hechos importantes por noticias basura o distractores intencionales, es decir, no quitemos el dedo del renglón en aspectos que nos dañan como sociedad; procuremos utilizar los medios de comunicación disponibles para investigar e informarnos correctamente y no nos guiemos ciegamente por la opinión publicada; en resumen, concentremos nuestras capacidades en forjar una opinión pública inteligente, analítica, propositiva y no conformista. Si logramos cambiar nuestra actitud respecto a la información que nos llega y nos preocupamos también por buscarla y difundirla en los sitios adecuados, la unidad, capacidad crítica y acción serán una constante en nuestro entorno y sólo así seremos capaces –en un futuro esperemos no muy lejano- de proponer acertadamente las soluciones para todos aquellos problemas que están por venir.

miércoles, 14 de abril de 2010

El TEC marcha por el cambio


Por Cinthya Fernández

El pasado domingo 11 de abril, alumnos, profesores y padres de familia del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, así como de otras instituciones educativas, participaron en el evento denominado “Movimiento por el cambio” en la ciudad de Monterrey. El objetivo de este movimiento fue, en protesta por la paz, dar a conocer el documento titulado "Pronunciamiento y propuestas para mejorar la seguridad en México” realizado por alumnos y docentes del Tecnológico de Monterrey. Con ello, se inició una cruzada por la seguridad de México.

El slogan del movimiento fue “Yo soy el cambio”. Esto nos orilla a retomar lo que hemos escuchado toda la vida, el cambio comienza con uno mismo. Y es justo en este punto donde debemos detenernos. Lo hemos escuchado, dialogado, analizado, recalcado, repetido, pero ¡NO HEMOS ACTUADO! ¿Cuántos de nosotros seguimos siendo indiferentes y apáticos?

Ignoramos a alguien que copia en un examen, a alguien que tira una envoltura en la calle, a alguien que le falta el respeto a una autoridad, a un delincuente que pasa frente a nosotros después de asaltar a un vecino, a un estudiante asesinado dentro de su institución educativa. Y peor aún, después de ignorar, olvidamos.

Es momento de dejar de pensar y comenzar a actuar. Si sumamos pequeños logros, cada vez será mayor el impacto que generemos. Si queremos que México cambie, cambiemos nosotros. Lo primero que debemos hacer es generar es conciencia en uno mismo. Si queremos mayor seguridad, dejemos de hablar por celular mientras caminamos por la calle, no viajemos en automóvil con el vidrio abajo y los seguros de las puertas arriba, no nos desplacemos a través de zonas poco transitadas en horarios nocturnos, no utilicemos reproductores de música a la vista de la gente, etc.

El siguiente paso será en nuestros círculos más cercanos, familia, vecinos, amigos, compañeros de escuela o trabajo. Formemos brigadas de vigilancia y promovamos la cultura de denuncia. Si nos desplazamos en automóvil hacia la escuela, trabajo o camión escolar invitemos a algún amigo o vecino que viva cerca y que sepamos que no cuenta con dicho medio de transporte. Una vez que logremos esta integración y conciencia, será más sencillo ampliar el alcance de las medidas ya tomadas y expandir hacia colonia, delegación, etc.

Finalmente, es necesario que la cultura de la queja quede atrás trabajando en la cultura de la información. Para poder proponer es necesario conocer. Conocer NO es “haber oído por ahí que…” sino, haber investigado las leyes, las reformas, las noticias y los documentos de primera mano para generar propuestas viables, conscientes y fundamentadas capaces de producir los resultados esperados.

Esta cruzada por la seguridad en México apenas comienza, para darle fuerza adoptemos el slogan, hagámoslo una forma de vida. Cambiemos con el firme propósito de lograr con ello que México cambie, no seamos indiferentes y no olvidemos, no dejemos de actuar sólo porque esto “comenzó en Monterrey y yo vivo en Quintana Roo, por lo tanto a mí no me compete”, México somos TODOS. Yo soy el cambio así como yo soy México. Cambia y México cambiará.